
La cultura japonesa me desconcierta. La gente japonesa me desconcierta el triple. Sus maneras de vivir me son inverosímiles, ajenas, extrañas, y no conecto. Su comida me parece de todo menos comida. Su filosofía me inquieta. A mi falta de empatía le acompaña una lamentable carencia de conocimientos sólidos: no he estado ni en Japón ni cerca de Japón, mis relaciones -laborales- con los nativos fueron escuetas y frías, diplomáticas y exasperantes- y así parecen ser ellos. Mis referencias culturales al respecto son tan mainstream que no puedo darles mucho crédito.
En general, lo japonés me produce tanta curiosidad como ojiplatismo.
Hablo hasta aquí de lo que me transmite el Japón contemporáneo. Pero antes de la Restauración Meiji y Hello Kitty había samurais y geishas. Y oh, el arte japonés tradicional. Los dibujos. Los kimonos. Las máscaras. La música. La estética kabuki. Bowie me descubrió todo eso a los 13, y desde entonces no salgo del negro-blanco-rojo ni dejo de buscar un kimono apropiado (no hago más que recolectar amagos-de en mercadillos londinenses, es muy triste).
Mi bello amigo Urizen (no, no hay link) sabe de todo esto, y me manda generosamente todas las ilustraciones que encuentra en su camino. Yo las pongo constantemente de fondo de escritorio. Ahí va una y un link, por si comparten mi admiración.
pd. y esta para @simplegearl :)