De mi libro de antropología económica [MORENO FELIU, P. (2004): Entre las gracias y el molino satánico, Madrid, UNED]:
El caso extremo de Auschwitz nos brinda, por una parte, una amplia gama de matices y complejas articulaciones de diversos órdenes de moralidad en conflicto, de transferencias de recursos y jerarquías de poder. Por otra, muestra la utilidad de un concepto de reciprocidad que incorpore la faceta negativa de las relaciones recíprocas.
[...]
La iniciación de un prisionero el campo de Auschwitz se produce mediante un ritual de llegada en el que el prisionero es despojado de todas sus ropas, calzado, paquetes, joyas, objetos persobales, cabellos e incluso de su nombre. Luego les darán un uniforme desparejo o ropas ya usadas y unos zuelcos de madera. Un prisionero no podía poseer ningún objeto personal: si alguno ha logrado ocultar una fotografía de sus seres queridos y esta es descubierta por algún kapo, jefe de barracón o guardián, el prisionero no solo perderá su recuerdo, sino que será severamente golpeado. Durante el primer reparto de sopa el prisionero observará que los otros tienen cucharas y escudillas, y ellos no: las han organizado. [...] Toda posesión de objetos estaba prohibida pero era necesario proveerse de algunos para subsistir.